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¿La luz basta?

Esta luz enfermiza no conduce a la muerte

sino a perseguir reflejos

desde la cuneta del lenguaje.

Mercedes J.R

Muchísimas gracias a Joaquín Pérez Azaústre por amar la poesía y hacer felices a los que la amamos. Gracias a mis compañeros poetas de “Cuenta 140”, es un placer y un lujo leer tan buenos versos como los suyos.

  desierto sahara

      I

Sus ojos

un desierto tatuado de estrellas.

      II

Y encontré bajo tu lengua

un oasis de saliva nómada

      III

Camino, dijiste

y sangré cicatrices de luz.

      IV

Bebí de un pozo seco,

dejé al dolor correr por las acequias.

       V

El viento mece

dunas preñadas de silencio.

Mercedes JR

– Sabio anciano ¿Qué ruta debo seguir para alcanzar Clisalia?

– Para llegar a Clisalia no te servirán las rutas conocidas. Deberás dejar este sendero buscando el árbol que proyecte más luz al anochecer. Recostado sobre él te quedarás dormido. Entonces, surgirá el relámpago de sus siete torres afiladas, siete agujas diamantinas sostenidas por siete ángeles de sal.

Has de saber que los que entran en Clisalia lo hacen siempre por primera vez. Una única vez. Cada día unos pies extranjeros recorren sus calles colgantes, sus mil y una escaleras de tul, sus diáfanas plazas aladas donde el tiempo cae poliédrico, sin mancha, como una lluvia de cristal.

Y nunca se regresa de Clisalia. Si alguien intentase despertarse, las siete torres de aguja le perforarían los párpados y la sal de los siete ángeles tejería sobre ellos una costra de sombra incurable.

En fin, joven viajero, cuando hayas conseguido alcanzar Clisalia y comprenderla, sabrás que a ella sólo te ha conducido un único camino: el de tu profunda fe en encontrarla.

Mercedes J.R

La derrota está ojos adentro.

Sabe a tierra que te rehúye

y a masticar despacio.

Mercedes J.R.

Mala visión

jimmorrison

Charlie se ríe de mis temores. Se ríe de mí y de todo. Se ríe cuando le hablo de mi miedo a morir, me revuelve el pelo con su mano gigantesca y suelta una carcajada. Dice que el miedo es cosa de ignorantes. Y él no es un ignorante. Luego vuelve a contarme, mientras va repartiendo la marihuana seca en tarritos de cristal, cómo en una de sus visiones se le apareció Jim Morrison con el número 2084 tatuado en el pecho.

“Dos mil ochenta y cuatro…aún me queda mucho tiempo, enano. Saber la fecha exacta es ponerle cara a la muerte. Es jugar con ventaja”.

Charlie sale de casa como cada noche. Me gusta observar a mi hermano desde la ventana, ver cómo se lo va tragando la oscuridad sin que le tiemble un solo músculo, cómo se dirige al final de la calle donde hoy le espera un tipo al que no he visto antes. El tipo que lo tumba en la acera de un disparo. El tipo que ahora se aleja a toda prisa en un coche, un descapotable con matrícula 2084.

Mercedes JR

    Gracias a mis amigos del blog “Esta noche te cuento” por premiar este relato y por sus amables críticas.

Los ojos de Kafka

kafka-ojos

Cuando Franz K se despertó aquella mañana se encontró sobre su cama convertido en silencio. Su cuerpo se había transformado en una coraza dura y neblinosa, tan pesada que le impedía moverse. Intentó gritar pero sus labios sólo expulsaban densas burbujas que estallaban en el aire produciendo un pitido ensordecedor.

Pasado el susto inicial, sus padres se aventuraron a entrar en la habitación, pero pronto se les hizo repugnante la presencia de K. No les gustaba someterse al examen de esos ojos callados, escrutadores. La quietud asfixiante de aquel cuarto les obligaba a escuchar sus propios pensamientos. Hacía crecer en ellos la conciencia de culpa por la incomprensión que siempre habían mostrado hacia el hijo excéntrico y solitario.

Una noche entraron en el cuarto mientras K dormía, lo ataron con gruesas cuerdas y lo arrojaron al río. Al chocar con el fondo, la rígida coraza se rompió en mil fragmentos que rodaron como diminutos ojos cristalinos por las profundidades.

Allí permanece aún diseminado el inmortal escritor. Desde su lecho transparente continúa sondeando los rostros de los transeúntes que se reflejan en las serenas aguas del Moldava.

Mercedes JR

Invierno en fuga

nevando

Caen los copos
con un silencio de violines:
la nieve empieza a descalzar los signos.

Ahora que tus huellas
son notas en fuga,
y que tus pies arrancan
acordes invisibles;
ahora que el invierno
ha perdido la memoria,
no habrá canciones
que te recuerden.

 

Mercedes JR