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Archive for 15 febrero 2012

Los monstruos de debajo de la cama

Casi saltabas desde la puerta de la habitación a la cama, temiendo su lento mordisco en el tobillo. Cada noche, los imaginabas bajo el colchón, apiñados como en un oscuro panal. En tu mente iban tomando la forma de ovillos de lana negros con dientes y ojos feroces. Y ya era imposible dormir.

Aunque en el recreo habías oído terribles historias sobre ellos, poco a poco ibas creciendo y milagrosamente no te habías convertido aún en una de sus víctimas. Habías sufrido eso sí, algunos daños menores, como aquella bolsa de caramelos que desapareció o ese balón recién estrenado que se desinfló en apenas una semana. Pero quitando el breve tiempo empleado en comer caramelos y desinflar un balón, los monstruos que vivían bajo tu cama permanecieron ociosos durante toda tu niñez, entregados simplemente a la ardua tarea de convertir tus sueños en pesadillas.

Un día te levantas con valor y te pones las zapatillas despacio, sintiendo a salvo tus talones. Por primera vez, te atreves a explorar ese territorio que se extiende entre el suelo y el somier y descubres que ya no hay rastro de los monstruos.

Pasan los años y caminas con tus pulmones henchidos de certezas, llevas una vida mecánica y planificada, repleta de atascos, apretones de manos y visitas a los suegros. Sin embargo a veces te invade la incómoda sensación de cruzarte con seres que, por alguna razón que ignoras, te resultan familiares. Ellos también llevan a sus hijos al colegio y van al supermercado. En más de una ocasión has subido con alguno en el ascensor y habéis intercambiado un saludo formal.

Por las noches te sigue costando dormir, aunque ya no sabes a quién culpar. Lo cierto es que esas personas te inquietan pero a fin de cuentas ya eres lo suficientemente maduro como para que se te ocurra que en realidad los monstruos de debajo de tu cama no se marcharon nunca sino que simplemente crecieron al igual que tú y decidieron tener su propia vida.

Mercedes JR

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Campo de espigas

espigas

 

Las espigas combaten

el peso del horizonte

 

Arriba

 

las nubes siguen

escarbando la nieve

y el cielo tiene las uñas azules.

 

Pero aquí,

aquí sobrevivimos a los trazos del frío.

 

Sí.

Aún es posible el incendio.

Los peces de la luz

saltan sin red

y los bosques de sombra retroceden

como islas asustadas.

 

Si se cansan mis manos,

mis ojos guardarán las trenzadas monedas,

 

con ellas

compraré un horizonte solo espuma.

Mercedes JR

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Piedras y rosas

I

Ser piedra

para no ser reflejo.

Rasgar el agua

y remover su grito.

Tocar el fondo

y no perder la forma.

Ser piedra

para poder ser.

II

La rosa,

que ha sido capaz

del olor y del dolor,

del perfume

y las espinas,

morirá,

sin embargo,

sin haber conocido

sus raíces.

 

Mercedes JR

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Primeros pasos

El verano vuelve a extender

sus dedos sobre el agua;

el mar va deshaciéndose

en doradas cosquillas.

También yo vuelvo a la caricia

de este sol que me seca las lágrimas

de mil lejanos mediodías.

Sumerjo mis pies descarnados

entre las olas

y la sal me los cierra

con una nueva piel,

una donde ya no me escuecen

las viejas llagas,

un nuevo mapa donde son posibles

infinitos comienzos.

Mercedes JR 

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