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Alicia ya no tiene edad
para volver a casa,
a la caricia suave del hogar.

Sus ojos han visto tanto,
que ya no le sorprenden
las maravillas.

Ahora sólo trata de hacer un puzzle
con un laberinto de naipes
en un jardín interior.

Hoy está triste porque no puede
celebrar su no cumpleaños
ni merendarse la locura en un taza de té.

Alicia no tiene amigos
y se siente reina en ningún corazón.

Y sabe que siempre llegará tarde
porque ha perdido al conejo blanco,
y que la única casa que le aguarda
es la claridad del folio vacío.

Casa donde murió Jonh Keats (1795-1821) . Roma, 2007.

Invierno, Piazza di Spagna, 7:30 a.m. Es domingo, la plaza está desierta y sin flores, nada alivia la dureza de los escalones ni perturba las aguas de la Fontana della Barcaccia. A la derecha de la escalinata, una puerta oscura y un pequeño letrero “Keats, 1821″…y yo allí, ajena a la grandiosidad del entorno, a la monumental Roma, recogida en la sencillez de ese pequeño rincón, el lugar donde se apagó Keats, su voz dulce y dolorida.
Un ruiseñor, no necesita una gran casa, ni monumentos, tiene todo el cielo para volar.
ODA A UN RUISEÑOR, John Keats (Fragmento)
“Perdeme lejos, disolverme y olvidar casi
 lo que tú entre las hojas nunca conociste:
 la fatiga, la fiebre y la ansiedad
de aquí, donde los hombres se cuentan sus lamentos,
 donde el temblor agita unos tristes y últimos cabellos blancos,
 donde el joven se vuelve flaco, espectral, y muere:
 donde pensar es rebosar de angustias y tristezas
 de párpados de plomo,
 donde la belleza no puede mantener sus ojos
encendidos ni el nuevo Amor desearlos más de un día.

NOCHE DE SAN JUAN

Las hogueras se han apagado

y aún seguimos ardiendo entre la arena.

El viento nos trae el sonido

del mar, frías cenizas

que susurran las olas.

El incendio ha pasado

y seguimos intactos,

trazando límites

en una playa

contenida en la noche.

Mercedes JR.

(recogido en: Memoria y Euforia, antología de poesía amorosa y erótica, varios autores, Editorial Hipálage, 2012)

Mamá,

no quiero tu tela de araña,

el calor aplastante

que prolonga tu vientre

(Tú lo llamas rebeca).

Yo quiero

cruzar sola la calle,

y que todas las calles me crucen.

No temas

que se hielen mis plumas

porque jamás las tuve

o que pueda caerme

porque aún no me he levantado.

Mamá yo sólo quiero

que el viento deshoje

mi cuerpo de muñeca

y quedar esparcida

en todo lo que duele.

Mercedes JR

A todos los poetas con los que tuve el honor de compartir el III Día Internacional de la Poesía en Segovia. A todos los segovianos por su calurosa acogida.

Desde el patio, la luz se abría paso a través del apretado olor a azahar y se detenía sobre el montón de libros que reposaban bajo el hueco de la escalera. Allí pasaba yo incontables tardes de domingo, descifrando las motas de polvo que saltaban de las páginas y que luego regresaban dóciles para trenzar desiertos e historias imposibles sobre genios y princesas.

En la habitación contigua, la abuela mecía el aire en su vieja butaca. En esos momentos, nada era capaz de sacarla del sueño, ni siquiera el ruido de la máquina de escribir, que llegaba constante desde el piso de arriba.

En su cuarto papá escribía casi todo el día. El sonido de las teclas sacaba de quicio a mi madre que meneaba la cabeza con resignación. Le había regalado un portátil por su cumpleaños, con la esperanza de que lo usara para escribir, así ella se libraría de una vez del interminable chisporreteo de letras golpeando su cabeza. Pero el portátil yacía cerrado junto a la máquina de escribir sirviendo de apoyo a un montón de folios despanzurrados.

Mi padre me decía siempre, que los poemas son música y que las teclas de la máquina imprimían a sus versos un ritmo metálico que no podría sustituir nunca un ordenador.

Sólo algunas tardes, cuando llovía, dejaban de escucharse las teclas. Y yo me sentía como si me faltara algo. Despacio, cerraba el libro que estaba terminando y salía al patio a escuchar con nostalgia el poema secreto que la lluvia imprime sobre la tierra.

El tesoro

Si el horizonte es recto

¿Por qué mis pies se hunden

buscando el oro?

 

Arriba

 

las nubes siguen

escarbando la nieve,

y el cielo tiene las uñas azules.

 

Pero aquí,

aquí sobrevivimos a los trazos del frío.

 

Sí.

Aún es posible el incendio.

 

Los peces de la luz

saltan sin red

y los bosques de sombra retroceden

como islas asustadas.

 

Si se cansan mis manos,

aquí mis ojos guardarán las monedas.

 

Con ellas,

compraré un horizonte sólo espuma.

Mercedes JR

Quien pudiera ser ciego

sin los ojos heridos de silencio,

sin la noche perpetua de tus manos.

Quién pudiera asfixiarse

sin tu nombre clavado en la garganta.

Quién pudiera vivir.

Vivir sin haberte vivido.

Morir.

Morir sin ti.

Sin sentir tu último

disparo.

 

Mercedes JR

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